Blue Monday: el mito del día más triste del año

Cada enero aparece puntual una idea que se cuela en conversaciones, titulares y redes sociales: “Hoy es el día más triste del año”. El llamado Blue Monday se presenta como una mezcla perfecta de frío, cuesta de enero, propósitos incumplidos y pocas horas de luz. La idea resulta familiar, casi reconfortante, pero conviene hacerse una pregunta clave: …

Cada enero aparece puntual una idea que se cuela en conversaciones, titulares y redes sociales: “Hoy es el día más triste del año”. El llamado Blue Monday se presenta como una mezcla perfecta de frío, cuesta de enero, propósitos incumplidos y pocas horas de luz.

La idea resulta familiar, casi reconfortante, pero conviene hacerse una pregunta clave: ¿de verdad existe un día objetivamente más triste que los demás o estamos ante un mensaje que suena científico, pero apela más a nuestras emociones que a la evidencia?

El término Blue Monday nació a principios de los años 2000 a partir de una supuesta “fórmula” que combinaba variables como el clima, las deudas, el tiempo transcurrido desde Navidad o la motivación. Suena técnico, pero el problema es que no tiene base científica real. No existen estudios rigurosos que demuestren que un lunes concreto de enero sea el más triste del año para la mayoría de la población.

Aun así, la idea ha calado con fuerza porque conecta con algo profundamente humano: muchas personas se sienten más cansadas, más apagadas o más desmotivadas en esta época, y ponerle nombre a lo que sentimos suele generar alivio.

Que el Blue Monday no exista como concepto científico no significa que enero sea emocionalmente neutro. Para muchas personas, este mes trae consigo menos horas de luz, más frío, menos actividad social, un ritmo más sedentario y una presión añadida por cumplir propósitos que a menudo se plantean desde la exigencia y no desde el cuidado. La pregunta importante no es si hoy “toca” estar triste, sino algo mucho más útil: qué me está pasando a mí en este momento del año y qué necesito realmente.

El problema de señalar un día concreto como el culpable del malestar es que simplifica emociones complejas. Al etiquetar una fecha como “el día más triste del año”, normalizamos el malestar solo durante 24 horas, invisibilizamos a quienes se sienten mal el resto del tiempo y trasladamos la idea de que, pasado ese día, deberíamos volver automáticamente a estar bien. Pero las emociones no siguen el calendario y no entienden de efemérides.

En este punto, es importante diferenciar entre tristeza y depresión, dos conceptos que a menudo se confunden. Sentirse más apagado, con menos energía o más irritable en enero puede ser una reacción normal al contexto. La tristeza es una emoción necesaria y pasajera. La depresión, en cambio, implica duración, intensidad y un impacto claro en la vida diaria. Si el desánimo va y viene y aún hay momentos de disfrute, probablemente estamos ante un estado emocional transitorio. Si pasan las semanas sin ilusión, sin energía y sin esperanza, no es un lunes triste lo que está hablando, sino una señal de que es importante pedir ayuda profesional.

Mensajes como el Blue Monday funcionan porque vivimos en una cultura que busca explicaciones rápidas para emociones incómodas. A veces es más fácil decir “es el Blue Monday” que preguntarnos si estamos agotados, si nos exigimos demasiado o si estamos sosteniendo un ritmo de vida que no nos permite recuperarnos. Este concepto opera casi como un permiso social para estar mal, pero solo un rato, y eso deja fuera muchas realidades emocionales que necesitan más espacio, más tiempo y más escucha.

Tal vez la clave no sea luchar contra enero, sino escucharlo. Enero no pide euforia ni grandes cambios; pide ajuste, ritmo más lento y menos autoexigencia. En lugar de preguntarnos cómo estar mejor de inmediato, quizá sea más realista preguntarnos qué necesitamos ahora mismo para estar un poco menos mal. A veces la respuesta no es motivación, sino descanso; no es un plan nuevo, sino soltar uno viejo; no es hacer más, sino permitirnos parar, cuidar lo básico y hablar de cómo nos sentimos sin minimizarlo.